viernes, 27 de febrero de 2015

Tiempo de deseos

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Recuerdo con añoranza aquellos años en los que fui feliz sin saberlo. Cuando el tiempo corría lo justo para que no me quedara rezagada en el pasado. Y tampoco corría tanto como para estar en el futuro la mayor parte del rato. Yo me movía al ritmodemisdeseos, una medida temporal que no está científicamente probada pero que es perfecta por su precisión, os lo aseguro. Cada una de estas medidas abarcan el intervalo exacto que va desde que sientes que si no haces algo serás menos feliz y lo llevas a cabo. Si os dais cuenta es algo perfecto en su duración, no hay probabilidad de error en su longitud. 

Ser niña es lo que tiene, allí todo es posible: Desde parar el mundo porque tus pensamientos crean otro paralelo, hasta mirar tu vida desde allí y no querer volver.

A lo mejor sigo siendo feliz y no lo sé tampoco ahora. A lo peor me estoy haciendo mayor y mi unidad de tiempo ya no es tan exacta porque no coincide con el ritmodemisdeseos. Tic tac tic tac...

Fotografía: BdB

martes, 24 de febrero de 2015

Tres variaciones



-1-

Siempre que escribo lo hago para un tú aunque muchas veces ese tú sea yo misma, ¿te ocurre a ti lo mismo cuando tienes la cámara entre tus manos?

Esta foto que me hiciste en la pradera, sin que supieras que me daba cuenta, me hace pensar en esto que te cuento. Aunque si bien es cierto que aquí la combinación de espejos se complica: Sabía que estabas detrás de mí y me decía "¡qué foto tan chula está haciendo!". Era como si me observara a través de tu objetivo-subjetivo. Me veía y, a la vez, era consciente de la belleza de un fotograma en el que yo estaba pero en el que no me llegaba a sentir inmersa. Mientras pensaba todo esto estaba fuera del momento, estaba en el futuro, justo cuando me enseñaras la foto para darme una sorpresa. ¿A ti te pasó lo mismo? A veces los pensamientos consiguen secuestrar todos nuestros sentidos y nos hacen viajar a un tiempo que realmente aún no existe.

-2- 

Sin duda esperó a que todos se marcharan para hacerse la dueña de la tarde y estoy segura de que ni siquiera advirtió el clic de la cámara. Me sorprende que no te dieras cuenta de su deseo de estar sola mirando la inmensidad. ¿Le robaste la soledad para regalársela a los demás? Te encargaste, como buen testigo mudo, de aprehender ese remanso de serenidad en tonos grises para que fuera eterno. Las imágenes capturadas incomprensiblemente son, en el fondo, liberadoras.

-3-

La reunión había sido peculiar, decidimos que nada de paredes de hormigón. Se os ocurrió que encontrarnos en la pradera nos haría sacar todo lo que habíamos guardado desde hacía años de una forma más natural. No entendí la disposición de las sillas porque no nos permitía vernos aunque sí escucharnos. Pronunciamos verdades a medias porque la verdad entera como tal no existe. Cuando decidimos que ya estaba todo dicho, me sentí incapaz de seguir al grupo. Percibía vuestras risas nerviosas al volver a miraros a la cara, las palabras de disculpa, el intento de acabar de una vez con los malentendidos. Allí, estática, acurrucada en el sol de la tarde, preferí seguir escuchando el silencio de las palabras que no se habían dicho.


Foto de mi amigo César Cérón

miércoles, 18 de febrero de 2015

Tiempo otoñal


Ahora me sabes a otoño, como aquel parque en el que nos conocimos. Incluso tus pasos resuenan en mi cabeza con el crepitar triste de sus hojas caídas. Hoy me dices que te vas, que te llevas lo que quedaba de risas en la nevera, pero que no lo haces a mala fe.

Te has dado cuenta de que el tiempo corre y tienes que ir tras él para que no se te escape. En casa, en cambio, el reloj marca las horas con un ritmo tan lento que pesa.


Foto de mi amigo César Cerón
Publicado en 2012 en el blog enhebrados.blogspot.com

jueves, 12 de febrero de 2015

Playback

-¿Que cómo nos encontramos? Pues fue a través de un conocido común. ¿Conoces a Jorge Drexler? Y yo negué con la cabeza.

-Pues yo tampoco, pero soy su fan número uno.

-¿Era una pregunta trampa?

-No, era una pregunta chorra para crear intriga y expectación. Soy muy peliculera, ya me conoces...

-Bueno, al grano, ¡anda que es para hoy|

-Vale. Pues mira, volvía un día del trabajo y escuchaba a toda cebolla mi canción favorita de Drexler en la radio. Para desestresar, ya sabes... Me desplazaba por las calles de Murcia como si no hubiera nada más que yo y esa música, sin pensar. Era hora punta y estaba rodeada de muchos coches pero no me importaba ir cantando y bailando en el asiento. Bueno pues, justo en el momento de mayor apogeo de la canción, tras un movimiento coreográfico de la cabeza a la derecha a la vez que hacía el playback de mi vida, me encuentro de frente con un hombre que creía cantar y bailar mejor que yo el tema. Él, en su coche, escuchaba la misma emisora. De repente nos quedamos enfrentados cara con cara, cortados en mitad de la interpretación. Nos dio por reír a la vez que nos poníamos rojos por el corte. Luego, esa bonita sonrisa, que se me quedó grabada como una instantánea en la retina, hizo el resto. Eso y que a él se ve que le pasó algo parecido porque ambos hicimos lo imposible por encontrarnos. Murcia es un pañuelo, afortunadamente a veces.