jueves, 26 de mayo de 2016

Puzzle de nubes


Las nubes eran piezas que siempre encajaban entre sí pero que no formaban nada en particular. A veces se daba cuenta de que podían ser justo la pieza que le faltaba a su día. Amanecer se había convertido, desde hacía algún tiempo, en una manera de agradecer a la vida que seguía jugando con ella. Abría los ojos y decía: "Buenos días vida, gracias por permitirme otro día más en el mundo". Se preguntaba entonces si el sol se encargaría hoy de crear un ama-nacer de esos que se te graban en la retina. Ante la duda, solía levantarse y asomarse a la ventana con la inquietud de la niña que espera a los Reyes Magos, sabiendo que podía encontrar lo que deseaba o a veces lo que ni siquiera sabía que existía y que siempre había querido, o no. El cielo la sorprendía y le daba serenidad, aunque conocía a veces mañanas frías muy bravas, de colores grises y a las que les tenía un poco de respeto. Pensaba que salir a la calle en días así era una verdadera odisea ante la que no tenía ni paraguas ni abrigos suficientes en el armario. Se lanzaba entonces en caída libre y, de repente, se daba cuenta de que tenía siempre un paracaídas de reserva a punto que no había visto antes. Aunque aquellos días al volver a casa le demostraban que era más fuerte de lo que pensaba, no le impedían sentir vértigo cuando los tenía de frente. 


Esta mañana, asombrosamente, las nubes encajan con sus deseos pues visten los colores brillantes que más le gustan. Sonríe desde la ventana pensando que tiene que abrir todos esos regalos de debajo del árbol que le brinda el nuevo alba, pero antes suspira aliviada cuando toquetea en su espalda el paracaídas que ha ido confeccionando en los días grises. ¡Preparada, lista,... ya!




Gracias P. por ayudarme con el título y a ti G. por soportar la lectura de mis textos en silencio.
A ti A. por la búsqueda de música para esta entrada que nos está costando. Lo importante es el camino, ya llegaremos a la meta ;-)

Fotografía de BdB

lunes, 16 de mayo de 2016

En mitad de la noche


Me despierto en mitad de la noche y me veo desde arriba como un pequeño ovillo, acurrucada sobre mí misma, como una coma cualquiera del libro que estoy leyendo. Todo es oscuro a mi alrededor pero no tengo miedo. Sé que soy un punto dentro del todo, de la inmensidad. Tampoco siento vértigo ni miedo a la caída en esta noche. Es más bien que me percibo como un pequeño ser con pequeños problemas, con necesidades diminutas, con ideas que no se ven de lo microscópicas que son en un espacio que intuyo infinito. A veces sé que ese punto que soy quiere ser el centro del universo allí donde esté. Es más, hay ocasiones en las que no soy yo la que se mueve al centro, sino que pretendo, en mis sueños de niña consentida, que todo lo demás gire alrededor mío y cuando digo todo, me refiero al todo. Es un intento que requiere una fuerza de atracción titánica que me deja exhausta, lo reconozco. Las teorías heliocéntricas me las aplico entonces a mí y a mis circunstancias que son la palanca que mueve mi universo lleno de satélites enanos que giran alrededor de mí. Pero no sé por qué en esta noche me empeño en verlo todo desde arriba cuando en realidad sigo en el calor de la cama y no me muevo ni un ápice. De repente veo que todo es relativo, que el tiempo y el espacio no están por ningún sitio, que me pierdo entre los pliegues del cosmos y que mi vida, mis problemas, mis alegrías no son para tanto, pero ¡se está tan a gusto durmiendo en mitad del universo siendo un pequeño punto! Buenas noches.

Foto de BdB


Se recomienda escuchar al mismo tiempo que se lee la entrada esta canción que me ha recomendado un gran amigo: Ray Lamontagne "In my own way". Gracias A. por estar ahí.